A las 3:15 AM, el anillo en tu dedo vibró. Una luz azul tenue iluminó tu habitación: "Nivel de cortisol elevado. Inicia respiración guiada". Obedeciste. Inhalaste cuando el gráfico subió, exhalaste cuando bajó. En cinco minutos, la pantalla dictaminó que estabas "en paz".
Pero mientras mirabas el techo, sentiste ese hueco en el estómago. Ese que ningún sensor ha podido mapear todavía.
Estamos en 2026 y hemos perfeccionado el arte de subcontratar el alma. Tenemos parches para el sueño, chips para la dopamina y algoritmos que redactan nuestros decretos de abundancia. Nos sentimos seguros porque tenemos datos. Si el reloj dice que dormí bien, me siento descansado. Si la App dice que soy feliz, sonrío para la selfie.
Pero, ¿quién vive realmente tu vida si la IA es la que toma las decisiones de tu bienestar?
La gran ironía de esta era no es que las máquinas se parezcan a los humanos, sino que nosotros nos estamos convirtiendo en hardware que solo espera una actualización para sentirse "mejor". Hemos cambiado el incienso por el silicio, y en el proceso, el silencio se ha vuelto aterrador porque no tiene métricas.
Anoche, mientras cerrabas la aplicación, una pregunta cruzó por tu mente como un error de sistema:
Si mañana se apagara la red... si el satélite dejara de enviar señales a tus dispositivos de biohacking...
¿Sabrías quién eres sin una pantalla que te lo confirme? ¿O te quedarías ahí, sentado en la oscuridad, esperando una instrucción que nunca llegará?
Tal vez el verdadero despertar no sea encontrar la paz, sino descubrir qué queda de ti, cuando el algoritmo se queda mudo.
Cultiva tu Interior, siempre en modus, Show Time Babys !
Añadir comentario
Comentarios